Crónica: Deerhunter. Hipnóticos cazadores de ciervos


Con una Riviera medio llena, un escenario desnudo y plagado de humo, aparecieron los cuatro componentes de Deerhunter el pasado viernes para presentar su disco Halcyon Digest. El misterio inicial que producía tanta neblina escénica, la oscuridad de la sala y la quietud del grupo ponían a la audiencia en situación, de lleno en una atmósfera hipnótica que no tuvo ni un segundo de respiro. Los temas aparecían con las colas y las vibraciones de los anteriores, creando un puente entre canción y canción que hizo de la hora y pico escasa de concierto un show en continuidad, un viaje críptico entre diferentes ritmos y psicodelia pop a raudales.
El primero en hacerse con las voces fue Lockett Pundt abriendo el concierto con Desire Lines, uno de los platos fuertes de este Halcyon Digest, que finalizaron con un estilo más kraut que como lo empezaron. Del resto del concierto se encargó Bradford Cox, el único que abandonó su comedida posición a medida que avanzaba el concierto, a medida que se crecía más y más en la tarima.

In crescendo también fue el repertorio con más temas del Halcyon Digest como Don’t cry que llenó la sala de una calma sucia. Para sacarnos del ensimismamiento del dolor de ese chico que llora, tocaron Revival, con un cambio de ritmo rupturista con la anterior y una densidad que casi se podría denominar stoner. Le siguió Little Kids, representante del disco Microcastle; más desnuda en un principio pasó a coger cuerpo poco a poco, alimentándose de guitarras cada vez más saturadas y de un bajo y una batería que dotaron de un cuerpo imprevisible a este tema.
Quizás de las más aplaudidas de la noche, Memory Boy sonó más pop y ligera, muy en contraposición de la que creo que fue superior Nothing Ever Happened, también bastión esa noche del disco Microcastle. Nothing Ever Happened incluía una sorpresa final cuando no la finalizaron, sino que la hilaron con un homenaje a Patti Smith haciendo una deliciosa y agresiva versión de Horses. El clímax se respiraba en el ambiente cuando de repente, suenan los primeros acordes de la lenta y taciturna Helicopter, imprescindible pero excesiva en este punto del concierto en el que todavía quizás necesitábamos mantenernos arriba, pululando sobre las notas de los de Atlanta; sin embargo, fue una maravilla para el oído y el alma construyéndose poco a poco, con una batería parpadeante que nos obligaba a esperar la explosión de este Helicopter de un Bradford Cox de voz desnuda y sentimiento erizado.


Así se hizo un breve silencio antes de empezar con Would Have Laughed que, más psicodélica y con una potencia arrebatadora, nos preparaba para el final del concierto. La instrumental Cover Me (Slowly) supuso la vuelta de Deerhunter al escenario tras la pausa de rigor previa al bis. Introdujo una maravillosa Agoraphobia, esperada por el público, inesperada para la guitarra de Lockett Pundt que se descolgó obligándole a tocar en el suelo y de rodillas durante toda la canción. El cierre fue oscuro, sublime, pero no precisamente gracias a un tema del Halcyon Digest, sino que la gran despedida fue obra de Octet, del álbum Cryptograms.
Sólo Octet podría haber cerrado un concierto tan pleno y voluminoso, donde las dimensiones alcanzadas por Deerhunter en directo fueron eternas. Dejarse llevar es la clave para un concierto en el que el espacio tiempo se contrae en función de los ritmos inesperados de cada tema, del tono de cada canción; canciones que se construyen poco a poco, tomando cuerpo hasta estallar en mil sonoridades que alcanzan el éxtasis en el momento justo para volver a descender con nosotros a la oscuridad. Y así una y otra vez, una y otra vez...

Crónica por María F. Carballo
Fotografía Pablo Luna Chao
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