Crónica: Daniel Johnston, directo emocional

Lugar: La Casa Encendida (Madrid)
Promotor: Acuarela
Nota: * * * * 1/2
Fotografía: Chiara Cabrera - La Casa Encendida

Algunos se tirarán de los pelos al ver la puntuación concedida al concierto de anoche en La Casa Encendida, lo siento mucho por ellos, otros me darán la razón y la única manera de justificarme es escudarme con el factor emocional que conllevaba ver a Daniel Johnston en directo. El domingo pasado tuve un despertar bastante fastidioso: el "cansancio" del día (noche) anterior se sumaba a la terrible sorpresa de las entradas agotadas para Johnston, el reducido aforo no era amigo de acreditar a pequeños blogueros, así que tocaba hacer cola en La Casa Encendida. No me podía creer lo que estaba viendo cuando mi primo conseguia la última entrada. Fueron unos minutos terribles solo salvables por una grandiosa chica que se nos acercó, viendo nuestro enfado y decepción, a vendernos dos entradas más a su precio original. Puede ser una anécdota insulsa para muchos pero sería una injusticia el no hacerle un pequeño homenaje a esta mujer que nos salvó el concierto. Gracias.

Teloneaban Wild Honey, la última vez que nuestros caminos se cruzaron fue en el Picnic, en formato reducido, y he de decir que me dejaron impresionados con la banda al completo. Un concierto muy correcto y bonito que mezclaron nuevos temas como las ya conocidas pistas del "Epic Handshakes and a Bear Hug" tal que 1918-1920 o To Steal a Piece of Art, eché de menos Whistling Rivalry. Una pena que no todos los asistentes mostrasen el respeto que merece una banda sobre el escenario. Buen concierto de Guille y sus compañeros que sabían lo que se venía detrás y no se alargaron mucho.

Y allí estaba, Daniel Johnston, saliendo por el lateral del escenario de la plaza de La Casa Encendida. Como ya es habitual, jersey manchado y una expresión cansada que me dejó frío, la misma sensación que transmite ese emocionante documental sobre su persona "The Devil and Daniel Johnston". Mirada fija a Daniel durante los primeros temas en acústico que él solo interpreto en el escenario. Silencio absoluto solo roto por los vitores y aplausos del público que intentaba arropar a este peculiar y entrañable artista. Sin desviar en un solo momento la mirada del residente en Texas, era fácil sentir la tensión que había en ese momento, la tristeza y por qué no la empatía que se repetía en cada una de las personas que allí estabamos. Por suerte, antes de que ese triste momento cruzase la línea entre la piel de gallina y las lágrimas en los ojos, su banda que le acompañaría por el resto del concierto salió al escenario transformando el concierto en un vaivén entre un concierto de rock para nada al uso y una retrospectiva a esas primeras grabaciones en las que Daniel se sentaba frente a sus grabadoras y su organillo y dejaba escapar en forma de canciones todos los pensamientos que le atormentan...

A lo largo del concierto esa sensación de vacío y soledad que Daniel transmitía en los primeros minutos desaparecía, incluso hacía bromas, parecía estar cómodo a pesar de temblar como un flan, supongo que temblaría por otros motivos... El público mantenía ese silencio expectante salvo para dar muestras de afecto a Daniel como si de un niño se tratase y es que en el fondo, si dejamos atrás demonios, dolores amorosos y conseguimos aislar lo bonito de Daniel encontramos el mundo en el que Daniel sigue siendo un niño, su inocente mundo de superhéroes y demás personajes de dibujos animados.

Las más coreadas de la noche, por no decir las únicas, fueron sus más clásicas grabaciones en las que bajo y guitarra cambiaban su sitio al piano para tocar canciones como Walking the Cow, Speeding Motorcycle y la especialmente bien recibida Casper the Friendly Ghost. Daniel decide decir adios con Devil Town, solo, sin instrumentos como en "1990" otro momento escalofriante, con la ventaja de que habíamos visto sonreir a Daniel: "Lo siento, nos tenemos que ir. Volveremos el año que viene con más canciones" y así, tras darse cuenta de que se iba por el lado equivocado se daba la vuelta y bajaba del escenario por el lateral correcto. Pero ¡espera! porque entre una marea de vitoreos y gritos Daniel volvía al minuto para los bises que como no podía ser de otra forma concluyó con lo que es ya su clásico por excelencia True Love Will Find You in the End y así (confundiendose otra vez de lado) se fue, y nosotros también, con una sonrisa en la cara.
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